Weta, el insecto criotolerante inmune a los inviernos más cruentos

La criogenia no es un hito reservado solo a supervillanos y multimillonarios con mucha confianza en la ciencia; por inusual que parezca es algo ya patentado por la naturaleza, como demuestran las wetas, un nombre que usamos para referirnos a más de 70 especies distintas de insectos, relacionados con los grillos, endémicos de Nueva Zelanda.

Los insectos de por sí son bastante impresionantes, pero las wetas se llevan el premio a la rareza, y es que por su cuenta, y sin tecnología, pueden lograr lo que el Sr. Frío, enemigo acérrimo de Batman, hubiese querido, criptobiosis a voluntad.

Pocas hazañas se le parecen, es una indiscutible ventaja evolutiva que parece cosa de magia, pero resulta muy real, como demuestran algunos animales criotolerantes. Las wetas, sin embargo, son las maestras de la criptobiosis.

Criptobiosis, sobrevivir al frío convirtiéndose en un bloque de hielo viviente

Para sobrevivir en el mundo animal hay que ser creativo, por eso hay criaturas bioluminiscentes, serpientes constrictoras y hasta koalas con huellas dactilares y estómagos capaces de digerir hojas venenosas.

El invierno a puede ser uno de los adversarios más formidables, su llegada a menudo es el fin de todo aquel animal mal preparado. Una weta, por su parte, no tiene nada de qué preocuparse, pues la criptobiosis está de su lado.

La criptobiosis es una suspensión temporal de ciertos procesos en el organismo de un ser vivo, una especie de criosueño con el que criaturas, como los tardígrados y las wetas, sobreviven a las bajas temperaturas cuando alcanzan puntos extremos. Con la ayuda de determinados carbohidratos y proteínas, los animales criotolerantes recubren, protegen y reparan sus tejidos, membranas y células del desgaste y la destrucción de las temperaturas bajo cero.

Weta, el insecto que se congela y resucita a voluntad

Cuando las temperaturas descienden dramáticamente y el invierno llega, todas las wetas fingen su muerte y comienzan el largo sueño de la criptobiosis.

Recurren a este mecanismo de defensa para resguardarse de las bajísimas temperaturas, la presencia de una sustancia crioprotectora conocida como trehalosa en su organismo, que también usan los tardígrados, es clave para preservar el estado de sus tejidos y sus membranas.

weta insecto criptobiosis

Casi nada separa a las wetas de la muerte, pero están tan habituadas a hacer esto, y sus organismos se han preparado de tal manera para sobrevivir a estas condiciones, que pueden congelarse y «resucitar» sin sufrir ningún tipo de daño. Algo sorprendente tomando en cuenta que lidian con temperaturas de hasta 10 grados bajo cero.

Se estima que más del 80% de sus organismos continúa en una especie de vida suspendida durante la criptobiosis.

Si algo debe ser evidente ahora es que todas las wetas son capaces de sobrevivir a las condiciones más duras. Por esto no es de extrañar que algunas de sus especies sean de las más antiguas del planeta. Como sugirió el hallazgo de fósiles de wetas con más de 190 millones de años de antigüedad en Australia.

Aparte de su inusual tolerancia al frío extremo, tienen poderosas mandíbulas, y patas espinosas que pueden usar para disuadir a cualquier insecto altanero de la cuadra.

Son rudas, reservadas, ágiles, y versátiles. Con casi 200 millones de años de existencia en este planeta no podrían ser de otra forma, y en todo este tiempo han sido capaces de desarrollar algunos de los dones evolutivos más extraños y peculiares del mundo.

Para las wetas vivir y morir es un evento casi cotidiano. Con cada invierno se sumen en una suspención animada que no podríamos manejar ni siquiera nosotros con toda nuestra tecnología; y cuando el frío termina despiertan como si nada hubiese pasado. Prueba más que evidente de que todavía nos falta un largo trecho para superar a la naturaleza y su creatividad.

En materia de criotolerancia, de más está decirlo, nadie supera a las wetas, ni siquiera el Sr. Frío.

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