Los ejércitos más poderosos y raros de la historia

Si algo es común en el género humano es la violencia, un elemento que nuestra inteligencia transformó profundamente, de mero altercado por los derechos de apareamiento, los botines de caza y el territorio; a disputas marcadas por los conflictos religiosos, políticos y económicos. La guerra es tan antigua como la humanidad, y ha evolucionado con nosotros en cada etapa, dando lugar a algunos de los ejercitos más raros que hayan sido vistos sobre la faz de la Tierra, muchos de ellos inusualmente eficientes.

Desde guerreros fanáticos, que se arrojaban al campo de batalla con un frenesí parecido a la locura; hasta disciplinados soldados con armaduras tan pesadas como una persona. Frecuentemente escuchamos decir que en la guerra y en el amor todo se vale, y a menudo esto es cierto, especialmente si tomamos en cuenta que en la antigüedad, los ejercitos más poderosos del mundo distaban mucho de las formaciones usuales a las que nos hemos acostumbrado en la modernidad. La victoria, desde el punto de vista bélico, justifica todo tipo de curiosidades.

Nada de desfiles marciales homogéneos, elegantes y simétricos; hoy hablaremos de los ejércitos más poderosos del mundo antigüo y contemporáneo, los más irregulares y raros, pero eso sí, infalibles.

Sorprende y vencerás: los ejercitos más poderosos del mundo no eran como esperarías

Ninguna fuerza armada hace el ridículo, por más rimbombantes que sean sus trajes, si vencen al final de todas las batallas. Muchos de estos ejércitos comenzaron de ser poco más que piedra en el zapato de grandes imperios, a auténticas legiones capaces de inspirar la creación de la muralla más grande del planeta, tan grande que se puede ver claramente desde el espacio.

Esta lista no es sólo para los más eficientes o letales, sino para los más extraños. A diferencia de los romanos, muchos de los ejercitos más poderosos del mundo no decían «Divide y vencerás», sino «Sorprende y vencerás», después de todo, ¿qué es más difícil que tratar de combatir con un ejercito totalmente impredecible e insólito?

Mongoles, el ejercito ambulante que por un instante tuvo al mundo en sus manos

El ascenso de los mongoles tomó al mundo por sorpresa. Dispersos y desorganizados, los mongoles en conjunto no tenían oportunidad contra grandes naciones como China, que tenía logística, armamento y una formación marcial mucho mejor estructurada. Todo cambió, sin embargo, con la llegada de Temuyín, que después sería conocido como Gengis Kan, el hombre que unió a las tribus nómadas del norte de Asia y las convirtió en el ejercito más poderoso del mundo en el siglo XII y XIII.

A finales de 1200, Temuyín comenzó a unir a las tribus nómadas mongolas bajo un sólo estandarte, pocos años después, estas tribus, casi fusionadas en una sola fuerza descomunal, avanzó sobre el norte de Asia, atacó y conquistó sin problema al imperio Jhin y al imperio Tangut de los Xi Xia, incluso partes de Rusia y el Cáucaso.

curiosidades de los ejercitos más poderosos del mundo mongoles

El ejército del primer imperio mongol parecía invencible, y en muchos sentidos lo era, con una movilidad y un adiestramiento sin parangón. El kan, un hombre extramadamente astuto, entendió que debía forjar en sus hombres un agudo sentido de lealtad hacia su persona y hacia el ejercito como tal, por eso la incorporación de una tribu o clan nómada al ejército mongol suponía la disolución de la tribu en sí; pues la estructura del ejército mezclaba clanes y familias con la intención específica de disolver las lealtades familiares o tribales para sustuirla por el apego a la horda, al kan. Algo muy romano, si me preguntan a mí.

Este aspecto fue clave para garantizar que los ejercitos de Temuyín, formados por grupos tan variopintos, funcionaran esencialmente como uno. Una sola fuerza, con destreza bélica incuestionable. Los ejércitos occidentales y asiáticos pronto quedaron rezagados ante el entrenamiento y la experiencia de los mongoles, que eran adiestrados en equitación, caza y arquería desde niños, sin importar su posición social o económica.

En oposición, los contingentes europeos del momento, estaban formados en su mayoría por siervos y plebeyos, llamados a las armas por sus señores; los señores, sus caballeros y los hombres en armas que estos mantenían eran los únicos que recibían algún tipo de entrenamiento para la guerra, pero constituían una parte ínfima de sus propios ejercitos, por lo que estos eran, en esencia, fuerzas poco experimentadas reclutadas para circunstancias particulares y dirigidas por señores, monarcas, y demás, medianamente adiestrados.

Los ejercitos de las diversas dinastías que se repartían China no estaban mucho mejor preparados, de hecho, no tenían forma alguna de hacer frente a una fuerza que no habían esperado en primer lugar, la aparición de las hordas mongolas fue tan repentina que obligó al mundo entero a replegarse.

En unos años, pasaron de ser un puñado de tribus desperdigadas, peleando entre sí y reducidas felizmente a sus llanuras, a uno de los ejercitos más poderosos del mundo, que obligó a asumir una postura defensiva a cualquiera que se le enfrentara.

¿Pero qué los hacía tan especiales?

Básicamente dos cosas: los mongoles eran arqueros y jinetes consumados, una combinación letal contra todo tipo de fuerza y en casi cualquer escenario donde se pudieran usar caballos.

Por cada 10 soldados mongoles, seis eran jinetes a caballo, llamados Keshik, y si consideramos que su ejercito rondaba, aproximadamente, los 100.000 hombres, entonces al menos 60.000 de ellos eran arqueros. Cada arquero contaba con más de 60 flechas, tan sólo imagina la logística y preparación que requeriría la hazaña de crear más de tres millones y medio de flechas para una escaramuza o dos.

A pesar de la considerable fuerza de sus hordas, el Kan no usaba sus números para aplastar frontalmente a sus enemigos, en su lugar, había adiestrado a su ejército para que fuera experto en la táctica conocida como retirada fingida, en la retirada fingida los soldados mongoles retrocedían ante sus adversarios, simulando el terror y la desmoralización de un ejercito verdaderamente derrotado. El ejercito enemigo, confiado, avanzaría, y antes de que pudiera evitarlo se encontraría rodeado por millares de keshik listos para aniquilarlos.

mongoles uno de los ejercitos más poderosos del mundo

La retirada fingida era clave para la estrategia de Gengis Kan, que prefería evitar las bajas y los encontronazos cuerpo a cuerpo a toda costa, después de todo, su horda no podía darse el lujo de perder cada vez más soldados, considerando que a medida que conquistaban, las estepas de donde habían salido se iban haciendo más lejanas.

A pesar de cuanto valoraban la supervivencia de sus ejercitos, los mongoles no usaban armaduras pesadas en general, favorecían las armaduras ligeras y las camisas de seda. La seda resultaba muy util pues no se rasgaba con facilidad, así que podía facilitar el proceso de extracción de una flecha de una herida, pues para el mongol bastaría con retirarse la camisa de seda.

Los mongoles no eran ningunos novatos. Espiaban a sus enemigos, celebraban consejos de guerra antes de cada escaramuza, exploraban los territorios exhaustivamente y usaban el terror con una precisión escalofriante. El Kan siempre ofrecía la oportunidad de rendirse a sus adversarios, y con la fama que tenía, muy pocos optaban por enfrentarlo.

En su apogeo el imperio mongol cubrió una extensión de más de 33.000.000 kilómetros cuadrados, con una población de 100.000.000 de habitantes, en ese tiempo esto equivalía fácilmente a la mitad de la población mundial. El dominio de los mongoles duró alrededor de tres generaciones, con cada descendiente de Temuyín conquistando todavía más territorios, reduciendo todavía más ciudades, hasta que casi toda China, Persia, Mesopotamia, la India, Corea y Europa Oriental estuvieron en su poder.

El batallón sagrado de Tebas, amantes y compañeros de armas

Pocas curiosidades en la historia de la guerra son tan extravagantes como el llamado batallón sagrado de Tebas, más de 300 soldados legendarios al servicio del general tebano Górgidas. Escrito así no parece haber nada extraordinario en torno a ellos, pero la verdad es que estos soldados no sólo eran veteranos, los mejores de su tiempo y de su ciudad, sino también un experimento bélico y social, que buscaba conseguir la cohesión perfecta de la tropa a través de una vía menos marcial y más erótica.

En Vidas paralelas, Plutarco nos cuenta que Górgidas, afamado general tebano del siglo IV a. C., incorporó este batallón como una especie de brazo de élite del ejercito tebano en sí. Más tarde, Pelópidas, un político de Tebas, al ver la eficiencia y el poderío de estos combatientes, decidió usarlos como una especie de ejército personal. El batallón sagrado de Tebas era famoso, entre otras cosas, porque era un ejercito de 150 amantes. Cada soldado tenía su pareja, y eran estos vinculos los que le daban una ventaja clave contra cualquier otra tropa, pues al luchar estaban literalmente peleando por su familia.

curiosidades de los ejercitos más poderosos escuadrón sagrado de Tebas

«Para varones de la misma tribu o familia hay poco valor de uno por otro cuando el peligro presiona; pero un batallón cimentado por la amistad basada en el amor nunca se romperá y es invencible; ya que los amantes, avergonzados de no ser dignos ante la vista de sus amados y los amados ante la vista de sus amantes, deseosos se arrojan al peligro para el alivio de unos y otros«, esto afirmó Plutarco, y a juzgar por los resultados, su observación fue muy acertada.

El batallón sagrado de Tebas no conocía la derrota, y superaba en destreza hasta a los mejores espartanos de su tiempo, a los que derrotaron en la batalla de Leuctra. Podría decir, con poco temor a equivocarme, que este fue uno de los ejercitos más poderosos del mundo antigüo, y además, uno particularmente especial, pues era una familia, en todo el sentido de la palabra.

Por eso antes usé el término experimento, pues la propia configuración de este batallón, el hecho de procurar que estuviese constituido por parejas, de que fuera el amor romántico y no cualquier otro sentimiento marcial el que los uniera, fue un hecho crucial e innovador, una estrategia diseñada para crear la tropa definitiva, y vaya que lo lograron.

Espartanos, una vida dedicada a la guerra y escapando del placer

Frente al escuadrón sagrado de Tebas, los espartanos y sus ejercitos están del otro lado del espectro. La existencia de todo espartano, no solo la de los soldados, era una bastante áustera y esto ocurría porque para los ciudadanos de la mítica polis griega no era bien vista una vida de placeres y goces. Hasta el comercio y los bienes tenían una variedad muy reducida por esto.

La cultura lacónica giraba en torno al adiestramiento militar, el agogé, un tipo de educación enfocada esencialmente en aspectos marciales. Era obligatoria y general, todos los ciudadanos (un pequeño segmento del total de la población en Esparta) debían someterse a esta. Los aristócratas y ciudadanos espartanos literalmente vivían para la guerra; todo aquel incapaz de ejercerla era considerado un lastre.

Por esto, cada bebé era revisado al poco tiempo de nacer por un grupo de ancianos, el exámen era riguroso y estaba diseñado para determinar si el niño serviría como soldado en el futuro o no, en el caso de que tuviese enfermedades congénitas o padeciera de alguna deformación, sería enviado al lugar de abandono, apótetas, en una zona montañosa, donde era arrojado por un precipicio.

La vida que vendría después, para los que sobrevivieran a la prueba de «aptitud», no sería nada fácil, desde los 7 años pasarían a estar en manos de la Ciudad, quien los educaría de forma rigurosa, obligándolos a cazar, a procurarse su propio alimento y a dormir sobre esteras sin más que una capa raída en las frías noches. Diversos eventos religiosos y competencias de gran renombre, desafiaban a los niños y adolescentes a autoflagelarse, dándole la victoria al que resistiera por más tiempo el dolor. Para subsistir los niños espartanos eran forzados a robar.

curiosidades de ejercitos del mundo espartanos

Toda la sociedad, sus ritos, su educación y sus compases morales estaban orientados a la creación de soldados leales, resistentes y extremadamente obedientes ante la autoridad; el honor de un ciudadano espartano dependía enteramente de cuán eficientemente cumpliera con su rol marcial; así como en el caso de las mujeres el honor estaba directamente relacionado con su capacidad para tener hijos sanos, fuertes y capaces de afrontar las rudezas de la guerra.

Podrás adivinar entonces que los espartanos no eran ningún chiste en el campo de batalla. Durante mucho tiempo no hubo fuerza en alguna de las polis griegas que pudiese compararse con la de los espartanos. Eran uno de los ejercitos más poderosos de la región, superado por pocos, a excepción del batallón sagrado de Tebas claro está.

El grueso de un ejercito espartano convencional, en el VI y IV a. C., estaba formado por la infantería pesada, la de los ciudadanos plenamente reconocidos, los espartiatas, también denominados homoioi; luego venían los no-ciudadanos, llamados periecos; que usaban menos armadura y cuyo rol en las batallas era casi siempre periférico, para tareas auxiliares; por último estaban las tropas de choque, los ilotas (esclavos), de armadura mucho más ligera y modesta, usados más que nada para la exploración el hostigamiento a distancia de las tropas enemigas.

En general, un ejercito espartano no distaba mucho de un ateniense; el secreto era el adiestramiento de los primeros. Para los atenienses era apenas una etapa de su vida, para los espartanos lo era todo, su honor y la justificación de su existencia, con semejantes cosas en riesgo, quién tendría ánimos de huir. Perder, puesto simple y llanamente, no era una opción. Esta obsesión con la guerra los hizo uno de los ejercitos más poderosos del mundo occidental a. C. y también una de las sociedades más contradictorias y opresivas de la Grecia Antigua.

Los Inmortales que barrieron Grecia

Sí, los espartanos, y todos los griegos en general, eran gente de cuidado, bien armados, adiestrados y con poca paciencia, pero no eran la fuerza militar definitiva del vecindario, ni por mucho. En aquel entonces había más de un poder en el mundo dispuesto a entrenar una élite de guerreros con la idea de convertirlos en los más mortíferos soldados sobre la faz de la Tierra. Para el imperio persa aqueménida esos soldados de élite eran los anusiya, tan letales que sus enemigos los llamaban Inmortales, materia de leyendas.

Esta tropa, de más de 10.000 hombres, fue parte del ejército persa que participó en las Guerras Médicas del 500 a. C., donde casi toda las polis griegas cayeron ante el imperio Persa Aqueménida. Lo que se sabe sobre los Inmortales proviene en general del griego Heródoto, de hecho fue el mismísimo Heródoto el que se refirió a ellos como Athanatoi, los que no pueden morir.

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De acuerdo a Heródoto, los Inmortales obedecían las órdenes de Hidarnes, un noble persa e importante comandante del ejercito que el monarca Jerjes I movilizó hasta Grecia.

Se supone que este legendario regimiento estaba constituido por hombres sumamente altos, entrenados en el arte de la guerra desde una edad muy temprana. Portaban lanzas, dagas, espadas cortas y arcos, y usualmente atacaban cargando contra sus adversarios mientras sus compañeros de armas cubrían sus espaldas con una lluvia de flechas. El mote de athanatoi seguramente se debía a la manera en que este regimiento sustituía a sus hombres caídos. Cada vez que uno moría, otro, con las mismas ropas, y prácticamente idéntico, tomaba su lugar. Dando la impresión de que en realidad no había muerto nadie.

¡Sólo imagina el terror de combatir contra un ejercito que nunca parece acabarse!

Los jenízaros, muchísimos ejércitos en uno

Los ejercitos a los que estamos habituados en la actualidad tienen rasgos comunes: uniformes, cortes de cabello semejantes, la misma disciplina marcial. Nada de curiosidades logísticas, ni militares, ni culturales.

No obstante, algunos ejercitos en la historia se han saltado las costumbres y han sacrificado la uniformidad por los números, este era el caso de los jenízaros otomanos, uno de los ejercitos más extravagantes y diversos de todos los tiempos, y que a pesar de sus excentricidades, tuvo por un tiempo, a casi todo el mundo a sus pies.

Era el siglo XIV después de Cristo, el imperio Otomano brotaba de las cenizas del antiguo imperio Selyúcida y comenzaba su avance sobre los territorios bizantinos. Para 1326, Bulgaria, Serbia y Bursa ya estaban en su poder. Al imperio le faltaba mucho para consolidar su supremacía en Oriente Medio y Asia Menor, necesitaban un ejército grande, bien adiestrado, y sobre todo, numeroso.

los ejercitos más poderosos del mundo y sus curiosidades jenízaros

Los guerreros tribales de Anatolia y otras regiones, que hasta ese momento había sido el grueso de la fuerza militar otomana, eran insuficientes para la tarea y para empeorarlo todo no tenían ni el adiestramiento ni las destrezas de un ejército hecho y derecho. Pero el bey (príncipe otomano) Orhan I tuvo una idea: fundar un ejército de combatientes no musulmanes, con individuos de todas las naciones conquistadas.

El plan, tan maquiavélico como astuto, llevó a la creación de uno de los ejercitos más poderosos de todos los tiempos.

Los gobernantes otomanos empezaron a exigir, como parte del botin de guerra, un «botín humano» que consistía en jóvenes de naciones bajo el dominio del imperio, más que nada aquellas en los Balcanes. Estos países tenían la obligación de cumplir con un tributo llamado devshirmeh, que rendía una determinada cantidad de seres humanos al imperio otomano, para que sirvieran en sus ciudades, como esclavos; o como soldados de su ejército, la infantería jenízara.

Las autoridades otomanas reclutaban a niños muy jóvenes, de apenas siete años, la mayoría provenientes de zonas rurales. La cantidad específica de reclutas era algo que variaba de acuerdo a las exigencias del ejército en el momento, pero se estima que al menos 15.000 niños eran alistados cada año.

Pese a lo que podría parecer a simple vista, muchas veces las familias veían favorablemente que sus hijos fueran elegidos en el devshirmeh, pues esto les daría un puñado de beneficios muy raros en esa época.

Cada jenízaro debía pasar por un entrenamiento extremadamente duro y amplio, que no solo implicaba aspectos marciales, sino también netamente intelectuales. En las escuelas Acemi Oğlanı aprendía de idiomas, contabilidad y literatura; además de manejo de armas y tácticas militares. El adiestramiento duraba muchísimos años, la mayoría de los jenízarons eran plenamente reconocidos como tal a los 25 años de edad, se les instaba a mantener el celibato y a convertirse al islam. Las barbas estaban prohibidas, por lo que la mayoría se limitaba a dejarse el bigote.

Jenízaros uno de los ejercitos mas poderosos del mundo

En cierto modo los jenízaros eran una especie de guardia pretoriana otomana, pues estaban al servicio del propio Sultán, al que debían ver como una figura paterna, además de esto el ejército era todo lo que tenían, y las pertenencias personales de cualquier jenízaron pasaban a este cuando fallecía.

La infantería jenízara llegó a contar con más de 200.000 soldados en su apogeo, todo un número para una guardía imperial, pero eventualmente su éxito fue su perdición, pues a medida que ganaron poder y prestigio en el mundo otomano, fueron relajando la disciplina militar y traspasando los límites que un principio habían tenido.

Llegaron a tener tanta influencia que demandaban todo tipo de beneficios a la familia imperial, tenían el poder para derrocar a cualquier Sultán, y por eso generaciones de sultanes se vieron en la obligación de mantener felices a los jenízaros, evitar su insurrección se convirtió en un asunto vital en el imperio otomano por siglos.

Y así, este inusual ejército de cristianos, fundado por un musulman, se hizo la fuerza más formidable de una nación islámica en su mayoría. El cuerpo de jenízaros era sin duda alguna, muchísimos ejercitos en uno, formado de fragmentos de naciones muy disímiles. Lo más curioso de todo, sin embargo, es que los «tributos humanos», reclutados en naciones conquistadas para servir durante todas sus vidas, terminaron siendo uno de los poderes militares más importantes del mundo, con una fuerza más temible que la del propio imperio que los reunió en primer lugar.

Nuestra historia está repleta de curiosidades, legiones de amantes, de fanáticos de la guerra, de aristócratas, de esclavos convertidos en amos… Si algo está claro, es que algunos de los ejercitos más poderosos del mundo no han sido siempre los más convencionales.


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