Homo floresiensis: los hobbits que no imaginó Tolkien

Todo aquel que haya leído a J. R. R. Tolkien conoce a los hobbits, “la gente pequeña” que protagonizó algunas de las mas grandes historias del escritor británico. Son de las criaturas más especiales y las más subestimadas de su legendarium; lo que nadie podría haber sospechado es que son también de las más realistas.

Los hobbits, tal y como los imaginó Tolkien, probablemente no existieron; pero sí existió una especie del género homo que resultó ser tan parecida a los habitantes de la Comarca que los investigadores que la descubrieron decidieron llamarlos hobbits. Habitaron una isla remota hace miles de años y aún en la adultez tenían el tamaño de un niño. ¿Quién diría que la fantasia podía adelantarse a los descubrimientos de la ciencia?

Homo floresiensis, un descubrimiento fantástico

En el 2003, un equipo de investigadores encabezados por Mike Morwood y Raden Soejono viajaron a la Isla Flores, en Indonesia; una región congelada en el tiempo, donde las limitaciones geográficas dieron lugar a las más extrañas criaturas; elefantes enanos, lagartos gigantes y hobbits.

El equipo de investigadores estudió una serie de yacimientos en Liang Bua, una caverna de la isla, y allí descubrieron el esqueleto de un homínido, especialmente raro por su tamaño. Los restos estaban casi completos, sólo faltaban los huesos de uno de sus brazos; que los investigadores consiguieron un año después, junto a otros nueve esqueletos.

Morwood y Soejono afirmaron que se trataba de una nueva especie de homínido, a la que llamaron Homo Floresiensis, que significa “hombre de las flores”, en honor al sitio donde había sido descubierto.

En el 2004, además de los nueve especímenes, los investigadores hallaron herramientas pequeñas que tenían entre 90.000 y 13.000 años de antigüedad.

foto del yacimiento donde fueron descubiertos los homo floresiensis
Liang Bua, Indonesia; lugar donde fueron descubiertos los homo floresiensis. Foto de Rosino.

Estos homínidos, de unos 74.000 años de antigüedad, son todavía un misterio rodeado de polémicas. Hay mucho que no sabemos, la ciencia ha respondido algunas grandes preguntas de esta rara especie; pero quedan muchas interrogantes abiertas.

Lo que sabemos del homo floresiensis

El antepasado directo de este homínido (se cree) fue el homo erectus, que habitó el sureste asiático, hace cientos de miles de años. Luego de generaciones de aislamiento, sus especímenes empezaron a padecer una forma de enanismo insular. Un miembro adulto de esta especie tenía por lo general poco más de un metro de altura, y pesaba en promedio unos 25 kilogramos. Esto los hace los homínidos más pequeños y menos pesados de los que se sepa en la historia.

Tenían también cerebros muy pequeños, especialmente si se los compara con otros homínidos, sin embargo, eran proporcionales a su estatura y su masa corporal, por lo que no, no eran menos listos que algunos de sus primos de otras regiones del mundo.


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Los investigadores hallaron pruebas de que los homo floresiensis usaban fuego para cocinar su comida. Además, eran capaces de usar herramientas para realizar diversas actividades, como la caza de elefantes enanos, parte importante de su menú.

Todavía más impresionante es el hecho de que estos hobbits primitivos pudieron haber llegado a la Isla Flores usando embarcaciones rudimentarias como balsas de bambú. No sé ustedes pero yo no conozco a ningún otro animal que navegue en el mundo, ¡esto denota inteligencia!

Ubicación de Isla Flores en Indonesia.
Isla Flores, Indonesia.

A la luz de estas hipotesis, sostenidas la mayoría sobre los descubrimientos del 2003-2004, los investigadores sopesan la posibilidad de que los homínidos de la Isla Flores tuviesen un lenguaje, lo que les habría permitido cooperar de la manera en que lo hacían.

Así era el homo floresiensis, imagen de Cicero Moraes

¿Cómo vivía el hobbit primitivo?

Nada de fuegos artificiales o cerveza de raíz, los “hobbits” descubiertos en Indonesia tenían una vida áustera, tan limitada que se cree que su dieta podría haber ocasionado que su estatura disminuyera, con el paso de muchas generaciones sucesivas. Cazaban en grupo y posiblemente usaban las cavernas como refugio durante las noches.

A su vez, tenían brazos relativamente largos para su cuerpo, por lo que podemos especular que también trepaban a los árboles en busca de comida o para escapar de algún depredador.

Su vida estuvo aislada de la de sus primos en otras partes del planeta, más que nada por la barrera natural del océano.

A pesar de la tranquilidad del hogar de los floresiensis, no estaban a salvo de todo, hay pruebas geológicas que indican que en su tiempo se produjo una erupción volcánica de grandes proporciones. Lo que habría precipitado a esta especie a la extinción.

Sin embargo, no todos los investigadores creen que el homo floresiensis desapareció por completo; algunos sostienen que ejemplares de esta especie pudieron haber existido hasta hace unos pocos siglos, suscitando el mito de los Ebu Gogo entre los indonesios. Por su parte, en la Isla de Sumatra también se habla de una criatura parecida, de forma humana pero pequeña, el Orang Pendek. Aunque estas teorías entran más en el terreno pseudocientífico.

¿Estan familiarizados con nosotros?

La posibilidad de que los homo floresiensis desciendan de los homo erectus sigue siendo un tema de debate, por una parte, en la Isla Flor no se han conseguido aún rastros de homo erectus; la relación filogenética se estableció basándose más que nada en el hecho de que los H. Erectus se concentraban en el sudeste asiático en un tiempo que coincide con los restos más antiguos de H. Floresiensis.

imagen referencial del ADN

Para Teuku Jacob, paleontólogo de la Universidad de Gadjah Mada, el Floresiensis es simplemente una subespecie del H. Sapiens , el paleontólogo sostiene además que el primer esqueleto, descubierto en 2003, presenta características diferentes porque posiblemente padecía de microcefalia.

Por su parte, una investigación impulsada por el Instituto Smithsoniano, que estudió huesos que pertenecían a la muñeca de un floresiensis, concluyó que presentaba diferencias marcadas con la estructura ósea de una muñeca de H. Sapiens. Lo que da fuerza al argumento a favor del Floresiensis como una especie aparte.

A falta de mayores pruebas, las discusiones en torno a la naturaleza de este homínido siguen en un empate; pese a los cuestionamientos, el hallazgo de estos esqueletos y sus utensilios es uno de los más importantes descubrimientos de nuestro siglo. Uno que prueba cuán diversa y creativa es la naturaleza, que nunca deja de sorprendernos.

Más allá de lo que puedan concluir nuevos estudios, una cosa es segura, el Homo floresiensis ciertamente es uno de esos misterios destinados a fascinarnos por mucho, mucho tiempo.

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