El monstruo de espagueti volador: la suculenta deidad del pastafarismo

Una cosa es amar la pasta, otra vivir con la ferviente creencia de que el universo es la creación de un monstruo de espagueti volador omnipotente.

Es cierto que un plato de pasta con albóndigas califica como milagro culinario, pero ni siquiera el más acerrimo amante de la cocina lo llevaría tan lejos.

Para el pastafarismo, no obstante, nada de esto es un chiste, la maravilla de este platillo lo trasciende todo, y por eso viven de acuerdo a lo que dicta la iglesia del monstruo de espagueti volador, una deidad hecha a imagen y semejanza de una de las invenciones de la comida italiana más celebradas de toda la historia.

El pastafarismo y el dios espagueti, creaciones recientes

Como todos los grandes inventos de la humanidad, el pastafarismo comenzó como una respuesta a un problema: la irrupción de la teoría del diseño inteligente, estandarte de grupos religiosos ultraconservadores en EEUU.

Esta hipótesis, una réplica pseudocientífica a la teoría de evolución, sostiene que determinados elementos en la vida y el universo sólo pueden ser explicados cuando se considera la posibilidad de que hayan sido creados por un ser superior, con un plan divino.

Quienes defienden esta teoría afirman que la selección natural, y la evolución en general, son procesos demasiado ciegos y desordenados como para producir criaturas como los seres humanos. Decir que tiene todos los matices de un creacionismo sazonado sería una obviedad.

Pese a todo esto, en el 2005, el Consejo de Educación del Estado de Kansas, en EEUU, decidió permitir que la teoría del diseño inteligente fuera enseñada en colegios públicos en lugar de la teoría evolutiva.

Bobby Henderson, un físico graduado de la Universidad Estatal de Oregon, enfrentó la absurda decisión redactando los principios de una religión satírica que destilaba sinsentido.

De la manera más egregia y grandilocuente que se pueda imaginar, Bobby Henderson, en una carta abierta al Consejo de Educación del Estado de Kansas, declaró que creía en un ser divino que a todas luces era idéntico a una bola gigante de espagueti con albóndigas.

La divinidad en cuestión.

Pero Henderson fue más allá, exigió al Consejo que incluyera la propia teoría de diseño inteligente del recién creado pastafarismo.

Lo que intentaba conseguir era tan evidente entonces como lo es ahora. Eso no evitó que la cosa avanzara por sus propias fuerzas y agarrar vuelo, para bien o para mal.

Los curiosos mandamientos del monstruo de espagueti volador, la sátira de los amantes de la pasta no tiene límites

Como toda religión, satírica o no, no está completa sin sus mandamientos, el pastafarismo creó los suyos. Y son tan pintorescos como imaginas.

Son conocidos como los Ocho Condimentos y están aquí para que vivamos nuestras vidas como el monstruo de espagueti volador (abreviado como MonEsVol) habría querido.

Como establecen los entendidos en el tema, originalmente eran 10 mandamientos, o como algunos pastafaris los llaman, 10 realmente-preferiría-que-no-hicieras. Pero se supone que el gran profeta que los redactó, el Capitan Mosey, extravió dos de ellos.

Así que quedamos con los vistosos y nada risibles 8 condimentos del pastafarismo actual.

Primer Condimento

Realmente preferiría que no actuases como un fanático religioso santurrón que se cree mejor que los demás cuando describas mi tallarinesca santidad. Si algunos no creen en mí, no pasa nada. En serio, no soy tan vanidoso. Además, esto no es acerca de ellos, así que no cambies de tema.

Segundo Condimento

Realmente preferiría que no usases mi existencia como un medio para oprimir, subyugar, castigar, eviscerar, y/o… ya sabes, ser malo con otros. Yo no requiero sacrificios y la pureza es para el agua mineral, no para la gente.

Tercer Condimento

Realmente preferiría que no juzgases a las personas por su aspecto, o por cómo visten, o por la manera en que hablan, o por… mira, solo sé bueno ¿vale? ¡Ah! y métete esto en la cabeza: mujer = persona, hombre = persona, Samey = Samey, ninguna es mejor que el resto, a menos que hablemos de moda claro, lo siento, pero eso se lo dejé a las mujeres y a algunos hombres que conocen la diferencia entre aguamarina y fucsia.

Cuarto Condimento

Realmente preferiría que no tuvieras una conducta que te ofenda a ti mismo o a tu compañía amorosa mentalmente madura y con edad legal para tomar sus propias decisiones. Respecto a cualquiera que quiera objetar algo, creo que la expresión más apropiada es ¡jódete!, a menos que lo encuentre ofensivo, en cuyo caso puede apagar la televisión y salir a caminar, para variar.

Quinto Condimento

Realmente preferiría que no desafiaras las ideas fanáticas, misóginas y odiosas de otras personas con el estómago vacío. Come, luego puedes ir tras los malditos.

Sexto Condimento

Realmente preferiría que no construyeras iglesias / templos / mezquitas / santuarios multimillonarios en honor a mi tallarinesca santidad cuando el dinero podría ser mejor gastado en (tú eliges):

  • terminar con la pobreza
  • curar enfermedades
  • vivir en paz, amar con pasión, y bajar el precio de la televisión por cable.

Puedo ser un ser omnipresente de carbohidratos complejos, pero disfruto de las cosas sencillas de la vida. Yo lo sé, para eso SOY el creador.

Séptimo Condimento

Realmente preferiría que no fueses por ahí contándole a la gente que te hablo. No eres tan interesante. Madura ya. Te dije que amaras a tu prójimo, ¿no entiendes las indirectas?

Octavo Condimento

Realmente preferiría que no le hicieses a los otros lo que te gustaría que te hiciesen a ti si te gustan las… ehm… las cosas que usan mucho cuero / lubricante / Las Vegas. Si a la otra persona también le interesa (conforme al condimento #4), entonces disfrútenlo, sáquense fotos y, por el amor de Mike, ¡usad PRESERVATIVO! En serio, es un pedazo de goma. Si no hubiera querido que disfrutaras al hacerlo habría añadido púas, o algo.

Si algo demuestra el pastafarismo es su profunda humanidad, su filoso humor y su irrfrenable deseo de satarizar sin compasión a todas las religiones.

Pero todavía más sorprendente (y triste), es que estos mandamientos a modo de broma vertebran una religión de chiste con preceptos más benevolentes que los que tienen muchas de las religiones serias de la actualidad.

Como ejercicio de protesta y crítica, el pastafarismo se superó a sí mismo, y sin duda superó todo lo que su creador habría podido imaginar.

La parodia de Bobby Henderson hoy sigue por su cuenta

En el 2006, un año después de que Bobby Henderson inaugurara la religión pastafari, el Consejo de Educación del Estado de Kansas retrocedió y revocó su decisión de apoyar la enseñanza de la teoría del diseño inteligente en las escuelas públicas de la región.

Pero los dados ya estaban echados, y la creencia en un monstruo de espagueti volador se convirtió en una sensación de los telediarios.

pastafarismo y pastafari
Foto de G. dallorto

En un raro caso de fe, el pastafarismo continúo más allá de lo que el propio Bobby Henderson había pretendido. Agnósticos y ateos con buen sentido del humor se rebautizaron espagnósticos y comenzaron a llevar coladores en la cabeza para honrar a su dios, aunque solo en ocasiones especiales.

El propio Henderson llegó a indicar que más de 10 millones de personas creen en la tallarinesca divinidad conocido como MonEsVol.

Al parecer la historia del pastafarismo no ha hecho más que comenzar. Contra todo pronóstico sigue creciendo, algo increíble considerando que hablamos de una religión que sostiene que un monstruo de espagueti volador creó al universo en medio de una borrachera; que relaciona directamente el aumento de los desastres naturales con la escases de piratas y que asegura que el cielo tiene volcanes de cerveza,

Nunca han sobrado unas risas, o una sátira bien redactada y apuntada para protestar por algo. Pero que 16 años después algunos grupos pastafaris luchen para que su religión sea reconocida de forma oficial es una señal de que en ocasiones necesitamos oir un chiste dos veces para entenderlo. O también una demostración de que algunas veces un chiste bien contado tiene más sentido que la propia realidad.

Sea como fuere, no podemos negar que el monstruo de espagueti volador resulta ser la divinidad más benevolente de la que leeremos hoy, o mañana, o en un buen tiempo. Toda una señal sobre el tipo de deidades en las que depositamos nuestra fe a menudo.

Considerando esto, ¿quién podría culparnos si de repente decidimos llevar un colador en la cabeza y esparcir la verdad sobre la tallarinesca bondad de nuestro señor el monstruo de espagueti volador?

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