Ciudades raras: Centralia, a un paso del infierno

Pocas ciudades raras se parecen a Centralia, cuyo incendio tiene más de 50 años. Antes hablé de Longyearbyen, la ciudad donde la muerte está prohibida, y aunque hay que admitir que esta ley la hace extraña; no exagero al decir que Centralia es sin duda la señora de las ciudades raras del mundo.

Hecha por y para mineros, Centralia era una comunidad pequeña, pero próspera, fundada en el siglo XIX en las inmediaciones de grandes yacimientos de carbón, en el condado de Columbia, EEUU.

Por mucho tiempo el negocio marchó bien y la ciudad creció. Sin embargo, en 1962 un pequeño incendio de basura desató el infierno que sacó a más de 1000 personas de sus hogares.

Las ciudades raras, el carbón y los Molly Maguires

El carbón, que había sido el motivo por el que Centralia fue construida en primer lugar, también terminó siendo la razón por la que sería abandonada luego.

Pero Centralia era sin duda una de esas ciudades raras del mundo destinadas a aparecer en las noticias por una razón o por otra. Antes de que llegara el fuego los Molly Maguires ya habían hecho de las suyas en la localidad.

Incendio en una de las ciudades raras del mundo

Los Molly Maguires, una sociedad secreta irlandesa de activistas que luchaban para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, habían escogido a Centralia como una base de operaciones.

En 1868, como protesta por las deplorables condiciones de trabajo de los mineros, asesinaron al fundador de la ciudad, Alexander Rea. 10 años después fueron colgados tres hombres por el crimen. En todo este tiempo siguieron ocurriendo atentados y asesinatos en la localidad.

Suena como una de esas ciudades raras del mundo que vemos tanto en las historias de Stephen King ¿No?

Décadas después llegó el fuego, y con este, el fin de Centralia.

Un incendio imparable

Lo curioso de todo esto es que fueron unos bomberos los responsables de este incendio. Un grupo de ellos decidió encender un montón de basura en un vertedero de Centralia. Las llamas alcanzaron una veta de carbón, el incendio se extendió a través de la tierra, de forma subterránea. Las minas, ya abandonadas, fueron los brazos ocultos del fuego.

A simple vista el incendio no existía. Pero con el paso de los años empezaron a notarse los rastros de su presencia.

De improviso la tierra se agrietaba y expulsaba humaredas de gases venenosos. Parecía que el suelo se deshacía bajo Centralia. Los lugareños trataron de extinguir las llamas, de sofocarlas, incluso vertieron agua en las minas y sus galerías para ahogar el incendio. Todo en vano, era indetenible.

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Parecía que nada podía ir peor.

En 1981, Todd Domboski, un niño de 12 años, caminaba por la ciudad cuando el suelo se abrió bajo sus pies. El hoyo tenía muchos metros de profundidad. Su primo acudió a rescatarlo, salvándolo de una muerte segura por la asfixia de los gases del incendio.

El percance dividió a la ciudad. Unos estaban convencidos de que debían marcharse, otros se negaron a hacerlo.

Finalmente, dos años después, más de 1000 personas abandonaron Centralia, y más de 500 casas fueron demolidas.

Poco más de 50 personas quedaron atrás, todavía aferradas a una de las ciudades raras del mundo más desafortunadas. Bajo tierra el incendio seguía, desmoronándolo todo, llenando el aire de humo y gases.

Las galerías desiertas de las minas de Centralia arden todavía, hay suficiente carbón para alimentar las llamas por 250 años más.

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